A una profesora de mierda

No sé qué es lo que me está pasando, que últimamente me da por recordar mi adolescencia. Que si hubiese sido digna de admirar y recordar, pues no me importaría, pero el caso es que no lo fue. Supongo que es una etapa en la que la mayoría de las personas se sienten eternamente incomprendidas y se podría resumir como una gran tragedia, drama o mierda. A elegir. O puede también que no haya sido nada de esto, y que lo hayan pasado como una etapa más.

En mi caso fue una locura de sucesos desordenados. Pasó de todo, y paralelamente no sucedía nada. O al revés. No lo recuerdo muy bien. Dentro del desastre generalizado, estaba yo en un instituto, rodeada de un ambiente estudiantil, conflictivo y monótono. No volvería atrás por nada del mundo. Por esa época me encantaba pasar desapercibida, y ya se sabe que cuantos más esfuerzos dediques a esta tarea, más visible te haces. Estaba perdida, pero muy perdida. Necesitaba que alguien me contara que era primordial pasar esos años memorizando libros de texto, porque era así como funcionaban las cosas (y como siguen funcionando). Necesitaba que alguien me orientara en el mundo escolar. Pero yo no era de hablar mucho y mi estrategia de pasar desapercibida debe ser que solo funcionaba con los profesores.

Como bien pone en el título, voy a dedicar esta entrada a una profesora. Exactamente era profesora de Lengua y Literatura. En un principio no iba a escribir su nombre, por aquello de respetar el anonimato… ¿pero qué cojones va a leer ella esto? Si además, ella confiaba tan poco en mi futuro como yo en sus aptitudes como profesora.

Begoña. Esa gran… profesora.

Tengo muy mala memoria. Elimino con facilidad cualquier suceso. Pero a esta tía la tengo incrustada en la sesera, y siento la necesidad de escribirlo porque creo que así, al expulsarlo de una vez por todas, se irá a tomar por culo su recuerdo. Era una mierda, al menos de profesora. Consiguió que temiera sus clases, su voz, su puto aspecto de antipática que devora niños. No solo era temida por mí, se ganó esa fama en todo el instituto. Todos la respetaban, y no porque se lo mereciera. Capaz de hacer la vida imposible a quienes aún conservaran alguna emoción humana y sensibilidad. Esa profesora jodió parte de mi adolescencia, etapa que no hacía falta mucho esfuerzo para conseguirlo. Hundió mi seguridad dejándome en ridículo delante de una clase, persiguiendo mis errores y resaltándolos. ¿Qué clase de persona dedica su trabajo a provocar sentimientos de culpa? Nunca he hablado de esto con nadie, porque lo consideraba un tema tabú. Me hacía sentir avergonzada el hecho de que un día, una tipa como ella pudiese conmigo. Pero con el tiempo he comprendido que no es la única amargada que desempeña estos papeles de villana, y que por lamentable que parezca, tampoco soy la única que vivió una mala experiencia con algún profesor/a.

Ay Begoña… Begoñita. Fuiste un quiste en el culo que de vez en cuando supuraba pus apestoso y grasa. Es lo que significó para mí. Un jodido quiste que dejó cicatriz. Creo recordar que ella tenía hijos. Solo espero que en su puta casa fuera capaz de no sacrificar la infancia de sus hijos. Porque lo que es la mía, la arruinó un poquito. Por suerte no sé nada de ella, ni me la volví a encontrar. Espero seguir con esta suerte, sobre todo después de haber escrito esto.

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