A un lago de distancia

Dos puntos alejados, desde él apenas puedo verte. Es un lago tranquilo de aguas oscuras lo que nos separa. Manso espera recoger nuestra caída, abrazar el cansancio, cubrirlo de frío y oscuridad. El punto se aleja, pausadamente me da la espalda. No recuerdo el rostro que antes me miraba. Es silencio lo único que tenemos, mejor que mentiras. Mi balsa, húmeda balsa, sostiene firme el orgullo que me mantiene anclada. He olvidado pestañear, lo que me convierte en un ser irreal. El cielo se confunde con la profundidad del lago. No hay nubes que lo distingan, solo nuestras figuras destacan en un lienzo monótono, sosegado, silencioso, calmado, expectante espera en lo que parece ser eterno. No envejecemos, solo crecemos. Solo nos distanciamos.

De vez en cuando un sonido eléctrico se entromete en nuestra calma. ¿Será una tormenta? No hay luz que la identifique. Es un sonido lejano, todo lo que quiera participar ha de ser lejano, pues aquí no hay nada más que nuestros cuerpos sobre balsas quietas. Me parece que has olvidado quién soy. Lo creo así porque yo a veces dudo quién eras tú. El sonido, casi imperceptible, no es una tormenta. Es un sonido nada natural, eléctrico de verdad.

Quiero volver a escuchar la calma que nos distancia. Concentrarme en ella para entenderla. Es esta balsa que me identifica, son mis piernas las que pierden fuerza y de rodillas caigo en ella. El agua esboza ondas que también se alejan de mí, dispersas recorren el infinito hasta dejarme sola. Entre tú y yo hay algo, más mío que tuyo, que presiona el pecho hasta doler, intenta hundirlo y por eso doy un paso atrás. Cuidado, porque mi balsa es pequeña, y no admite grandes movimientos. Va demasiado lenta, y ya no sé si quiero ir o venir. Tampoco sé si estoy en un punto concreto, si me dirijo hacia algún lugar. Solo sé que tu espalda cada vez es más pequeña y borrosa, porque allá, dónde no me alcanza la vista, hay bruma que emborrona el cielo y el agua. Poco a poco te va atrapando y quiere engullirte. Ya lo hizo con otras personas, he visto como ha pasado y mi balsa sigue en pie. ¿Será que si te giras, la bruma juega a comerme a mí también? Es algo que no podré comprobar y sin embargo, intuyo que pueda ser verdad.

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