Brody Dalle, biografía

Escribo pocas cosas reales porque mi imaginación me juega malas pasadas y me suelo inventar aquello que desconozco, así que lo de historia real igual, en algunos puntos, se me queda colgando. Intentaré ceñirme a los hechos conocidos. Entiendo que la historia que a continuación escribiré puede que no sea del interés de la mayoría, pero como acostumbro a hacer, lo escribo por puro placer egoísta, aunque en este caso, no estaría mal que sirviera al menos para que una sola persona pueda sentirse identificada. Escribiré sobre una persona que, seguramente no conozcáis, aunque ella no sea precisamente una persona anónima. Su nombre real es Bree Joanna Alice Robinson, nació el 1 de enero de 1979 en Melbourne, Australia. Su infancia no fue nada fácil, desde bien pequeña presenció numerosas peleas familiares, hasta que su madre, cuando Joanna tenía solo ocho años, echó a su padre a patadas de la casa. Se divorciaron y las cosas dentro del hogar familiar se calmaron. Un año después, la madre de Joanna volvió a casarse y tuvo otra hija con el nuevo marido. Pero esa parte de la historia no nos interesa, porque mientras su madre trabajaba y sacaba a la familia adelante, la pequeña crecía en un entorno desestructurado, fue expulsada de cuatro escuelas y finalmente la enviaron a una institución católica solo para chicas, de normas estrictas y fuerte disciplina. Joanna ya tenía muy arraigado el espíritu inconformista que hacía que se la sudaran todas esas normas y que se incrementara la rabia que surgía a partir de tantas reglas. Su actitud asocial, rebelde y autodestructiva no hizo más que aumentar y forjar un carácter indomable. En la escuela era la diana perfecta para abusones; una niña que crece con la ausencia del padre, era motivo suficiente para agredirla tanto física como verbalmente. Joanna no dejaba pasar ni un agravio, y arremetía contra ellos hasta quedarse sin fuerzas.

En la adolescencia, su madre no sabía qué hacer con ella, y se culpaba por no haberla entendido a tiempo. Discutían a menudo, incluso en alguna ocasión llegaron a las manos. La situación en casa era insostenible, Joanna cada vez podía controlarse menos y se refugió en las drogas y autolesiones. Tenía la necesidad de hacerse entender, de expulsar todo ese odio contenido de alguna manera que no la dañara tanto como las drogas o las lesiones. Encontró en bandas como Sonic Youth, Nirvana, Babes in Toyland o Hole la salida de emergencia perfecta. Un sonido crudo, violento y directo la hizo comprender que existía una manera de gritar y expresar la rabia, la furia y el dolor que ansiaba por soltar. Joanna lo tuvo claro; quería ser como esas estrellas del punk-rock. Sería una de ellas.

Con trece años aprendió a tocar la guitarra acústica de su tío ensayando sin descanso. A los pocos días las yemas de los dedos se hicieron duras y ya no sentía dolor al apretar las cuerdas. Con el tiempo el ritmo que salía de la guitarra era cada vez más rápido y melodioso. Su sentimiento de no encajar en ningún lugar, de sentirse continuamente fuera del camino aumentaba a medida que iba conociendo a la gente. Encontró en el punk su refugio, sobre todo cuando fue víctima de varios abusos sexuales. En ese momento comprendió que en su voz estaba encerrada la libertad de salir de esa jaula de miseria; solo tenía que hacerla estallar.

Con catorce años creó su primera banda, Sourpuss, un sonido punk lento, más parecido al Grunge y con grandes influencias de sus cantantes favoritas, entre ellas Courtney Love. Las canciones no sonaban del todo mal, de hecho la banda se hizo con algunos fans, pero Joanna quería alcanzar un sonido más rápido y violento. En unos de sus repetitivos viajes en tren de camino a casa, miró por la ventanilla y vio una fábrica de destilación de licores. Apuntó en su libreta “The Distillers”, como futuro nombre para una banda de punk-rock. Gracias a los seguidores, Sourpuss consiguió tocar en un festival de Rock N Roll en Melbourne. Allí se encontró con un joven Tim Armstrong, cantante de la prestigiosa y conocida banda de punk Rancid. Fue un flechazo adolescente, con el único inconveniente de que ella tenía 16 años y él 28. Joanna en un primer encuentro, mintió sobre su edad, le dijo que tenía 18 y Tim tampoco insistió demasiado por averiguar si eso era cierto o no.

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Mientras Joanna dedicaba más tiempo a la banda que a los asuntos escolares o familiares, la situación en casa seguía tensa. Joanna necesitaba salir de allí, y además, no tenía nada que perder si lo hacía. Por la denuncia de uno de los abusos sexuales que sufrió, recibió una compensación económica del estado de Australia, con ese dinero se pagó el boleto para viajar a California e instalarse allí con Tim. Cuando realmente cumplió los dieciocho, se casó con él. En la compañía de Tim y su equipo, las drogas y las fiestas eran continuas. En los momentos de lucidez, Joanna sentía como su mundo se desplomaba sobre su cuerpo, aplastando sus sueños, viéndose encerrada dentro del apellido Armstrong. Con diecinueve años, volvió a su cabeza el nombre que apuntó un día de camino a casa en una libreta: “The Distillers”. El punk seguía siendo su salvación, solo tenía que encontrar a gente que se uniera a su bote salvavidas. Matt Young, Kim Chi Fulleman y  Rose Casper fueron los elegidos para tronar encima de escenarios. The Distillers se convirtió en una de las mejores bandas de punk-rock de la época, logrando grandes reconocimientos, siendo Joanna la voz femenina líder de la banda. La mismísima Courtney Love, una de las personas a las que Joanna admiraba, felicitó a la banda The Distillers por el buen trabajo realizado en sus discos. Por fin podía gritarle al mundo que estaba en pie, haciendo las cosas a su manera, siguiendo por su cuenta.

Sin embargo, la vida junto a Tim no estaba siendo esa fantástica historia de amor prohibida. Tim pretendía ser el administrador de Joanna, dirigir su banda, decidir cuáles serían sus próximos pasos, en qué lugares tocar, con qué grupos tenía que relacionarse… El matrimonio duró seis años, de los cuales los tres últimos Joanna utilizó para librarse de él. Al conseguirlo, Tim se sintió utilizado, más bien su orgullo se fue a la mierda, y como él se creía el amo y señor de todo lo que le rodeaba, también se creyó con el derecho de decidir por Joanna, y ésta última decisión no le gustó un pelo. Tim no se quedó quietecito y comenzó una lucha mediática en la que despotricaba sin freno, diciendo que Joanna se había aprovechado de su fama. El conjunto de la banda The Distillers sufrió una campaña de desprestigio brutal, pero Joanna ya había sufrido bastante en su vida como para hundirse, se repetía a sí misma que no sería una víctima.

Una vez divorciada, Joanna recuperó su apellido y su identidad. Volvió a Melbourne para, desde la distancia, asimilar los éxitos que había conseguido con Distillers y tratar que el barco siguiera a flote después de toda la tormenta que el capullo de Tim había formado. En ese tiempo conoció al guitarrista  Anthony Bevilacqua. Al poco tiempo de conocerse se convirtieron en amigos inseparables y lo invitó a formar parte de la banda The Distillers. Él, aceptó.

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Solo los amigos de verdad pueden darse guantazos entre ellos y reírse después.

Joanna tenía que dejar atrás la vida que había compartido durante tantos años con Tim, y una bonita forma de comenzar a hacerlo, era poniendo fin a los contratos en los que Tim había metido la zarpa. Firmaron con Sire Records, discográfica de los Ramones, Joy Division, Joan Jett… Después de que nadie confiara en que una joven divorciara pudiera hacer algo bueno sin su amado, creó, junto a Distillers, el mejor disco hasta entonces: Coral Fang. Por desgracia, fue el último de la banda.

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Cinco años de éxitos continuados, de giras agotadoras con conciertos que cada vez eran más exigentes, con más público a medida que la banda se iba haciendo con un nombre popular y prestigioso dentro de la esfera punk-rock. Joanna se merecía unas vacaciones y distanciarse, en cierta medida, de todos esos triunfos para preguntarse cuáles iban a ser los siguientes movimientos. Las vacaciones se alargaron más de lo que los fans de Distillers quisieron, y los integrantes de la banda se concentraron en nuevos proyectos musicales al margen de la banda, consiguiendo que ésta acabara por disolverse. Joanna volvió a Australia, con su familia, y entre viaje y viaje conoció a su actual pareja, Josh Homme (músico y fundador de la banda de rock Queens of the Stone Age). La estabilidad no vino gracias a esta nueva relación, sino al embarazo que dio vida en enero de 2006 a su primera hija. Muerta de miedo se enfrentó a la maternidad que sin lugar a dudas fue clave en su vida para cambiar los planes que la estaban llevando directa al mayor desastre. Ella misma, a día de hoy, confiesa que el nacimiento de su primera hija, a pesar de haberla llenado de dudas y temores, le salvó la vida como en su día lo hizo la música. Dos meses antes de quedarse embarazada Joanna superó su adicción a las drogas, e inmediatamente después de dar a luz a su primera hija, sufrió una depresión postparto. Los problemas de crisis de personalidad se acumulaban en la cabeza de Joanna. Había pasado de ser una estrella del punk a una madre comprometida que, aunque vestida de leopardo, ya no era la punki despreocupada y rebelde que antaño había deslumbrado. En ese periodo, después de la ruptura con Distillers y mientras se recuperaba de la depresión postparto, creó un nuevo grupo junto a su amigo y guitarrista Tony: Spinnerette. El disco tiene un sonido diferente, más alternativo y con una madurez en el mensaje. Los fans de Distillers se esperaban una continuidad en su sonido punk, y parte de ellos quedaron defraudados y no supieron apreciar  ni tolerar la evolución en sus canciones. A veces el punk puede ser muy clasista…

En uno de los conciertos de la gira con Spinnerette, Joanna notó como un grupo de chicas la miraban mientras ella se preparaba en el escenario con su equipo y escuchó cómo comentaban entre ellas: “Oh, Dios, ella es tan gorda…”. Joanna se quedó paralizada, había ganado algo de peso tras su embarazo, en el escenario se sentía insegura; ya no estaba protegida con su “hacha” (así se refiere ella a su guitarra), y se movía torpemente por el escenario. La gira duró poco. Solo sacaron un disco y Joanna volvió a refugiarse en su familia, arreglando las cosas con su madre, pues se dio cuenta, después de tener a su hija, de lo importante que era su madre para ella, y que a pesar de todo, se sentía inútil sin su influencia.

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Dibujo realizado por: Inadaptada

Dejó a un lado toda tristeza, se armó de nuevo con su hacha y comenzó a hacer aquello por lo que seguía viva. Escribió letras, les puso música y creó Diploid Love, casi al mismo tiempo que se quedó embarazada de su segundo y último hijo. El disco se publicó en 2014, los seguidores de Joanna se lanzaron a él como un puto depredador hambriento y desesperado hacia su presa y recibieron un disco repleto de buena sintonía, mensajes políticos, críticas sociales, relatos de una vida pasada que fue superada gracias a una incansable lucha, letras sacadas de una mente inconformista y detenida en la anarquista adolescente a ratos inmadura que no se rinde ante los baches profundos que después tuvo que escalar. Y entre subidas y bajadas, idas y venidas, derrotas y victorias ella resurgió porque en su interior habita el espíritu de quien sabe vivir con la libertad de soñar lo imposible para hacerlo real.

Ella es, Brody Dalle.

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Brody Dalle, actual

 

“The Distillers”-The Young Crazed Peeling (2002)

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