Entre mentiras nos entendemos mejor

Has plantado la semilla en un terreno inadaptado para dar vida. Creí que había aprendido a vivir con mis heridas, pero te das la vuelta y se abren otras parecidas. Tienen nombres distintos aunque duelen igual, y ya no sé de qué lado ponerme para esquivar el puñal que preparas sin querer. Estoy cansada de probar y no acertar, estoy cansada de luchar para luego tener que olvidar. La cuerda que me lanzaste para sacarme de aquí se convirtió en soga, tus intenciones apretaron el nudo y mi carga hizo el resto. Salta cuando puedas y procura que no me dé cuenta, para que no duela. No te acostumbres a vivir en mi mismo fango. Me hundo cuando destruyo y resurjo cuando las sonrisas que me atrapan vuelven a darme algo de luz. Es una claridad falsa, pero me dejo engañar haciéndote creer que llevas en tus manos el control de esta naturaleza desordenada. Te hago confiar en la esperanza de poder ordenar una mente agujereada y desubicada. Mientras insistes en tu empeño por reparar, yo me pierdo entre las palabras de tus frases, descartando la mentira y guardándome la verdad que se encuentra solo en tu mirada.

Y yo sola me daño, porque respiraría mucho más tranquila si desconociera las mentiras que pretendes que me crea. Solo yo sé ver que esto es un juego porque tengo en mi poder la ventaja de no apreciar los días que pierdo. Te entretienes pensando que voy siguiendo tu absurdo camino y que podrás en algún momento entender algunos de mis silencios. Te aseguro, por experiencia, que te cansarás antes de lo que prometes.

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