Escarbando en el pozo infinito

Puede que los sueños a veces tengan razón y actúen como premoniciones, anticipando a nuestra imaginación un futuro que bien podría ser real. Me negué el sueño y ahora la realidad no hace más que demostrarme que la vida continúa siendo un ciclo que no queremos ver. La irrealidad aumenta las esperanzas y dibuja escaleras que no van a ninguna parte. Tropezamos por ellas, porque las prisas nos persiguen y nos sujetamos a la primera mano que nos brinda su ayuda sin atender a los ojos que desde arriba observaron nuestra caída. Nos equivocamos sin aprender del error y vivimos escarbando un pozo infinito, pensando que si continuamos, encontraremos lo que al principio de la excavación buscábamos, aunque ya perdimos la realidad del objetivo. El cansancio, la rutina y la costumbre empañan la razón y caminamos, a veces en línea recta, otras dando tumbos, pero siempre persiguiendo algo que cuelga de una nube lejana que apenas vemos y diferenciamos del resto. Da igual, porque hace tiempo que las preguntas dejaron de ser importantes. Las respuestas son el polvo que pisamos, el mismo que acabará cubriendo el cuerpo que camina cansado.

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