Locos y desacompasados

Cualquier excusa era buena para acercarnos un poco más, para ver nuestras sonrisas con más detenimiento, buscando la peculiaridad que encajara en nuestros recuerdos y permaneciera en ellos, haciéndose un hueco entre los borrosos del pasado. Las palabras poco importaban, buenas frases perdidas en la mirada que jugaba a esclarecer lo que por falta de sentido práctico, no nos atrevíamos a pronunciar. Lo mismo que otras veces, lo repetíamos ahora en un espacio reducido, y aun así nos sobró aire, nos sobraron palabras, nos sobraron pensamientos, y nos faltó tiempo.

En la voz que no aclaraba las preguntas que surgían, advertí océanos de deseos que daban la vuelta a las advertencias que sobre nuestras espaldas se iban cargando. Sin consultarlo, decidimos no escuchar más que a dos locos y desacompasados latidos.

Adiviné sus ganas, se acercó sin esperarlo. El aliento empañó mis ojos y la complicidad ocultó los remordimientos.

No eras tú.

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